jueves, 18 de septiembre de 2008

Vamo' las marchas


En el trabajo, alguien me hizo notar que cuando estoy feliz, tarareo himnos o marchas (desde la Marcha de San Lorenzo hasta el himno peronista). Me preocupa sobremanera desde un punto psicoanalítico. ¿Tendré un milico adentro? Llamen a un exorcistaaaaaa.

miércoles, 27 de agosto de 2008

La excusa de la música

Todos recordamos momentos en que, si no hubiera sido por la melodía, el ritmo o los tambores, habríamos sido los seres más miserables de toda la humanidad. A continuación, enumero algunas de los papeles que, sin querer, desempeña la música en nuestras vidas:

  1. Si no fuera por la música: no tendríamos ni pan para comer. Uno de los puntos de encuentro de parejas son los boliches. En los boliches se pasa música, generalmente pedorra. Y la música pedorra es sin dudas una excusa: ¿quién se pondría a escuchar "Yo soy tu mamita" (enter name) en su casa si no es para generar el impulso suicida? Alguien podría objetarme qué pasaría entonces con los recitales, pero no entraría en la categoría de "excusa" porque se supone que si alguien va a un recital es porque le gusta la banda.
  2. Si no fuera por la música: viviríamos solos. Cuántas veces nos pasa de buscar un tema "pilas" para levantar la noche, o un tema "buena onda" para tapar los silencios de nuestros concubinos. La convivencia no es fácil y en esos momentos, la música se vuelve nuestro mejor aliado. Clave: poner la banda que le gusta al otro (léase Spinetta, o quién sea).
  3. Si no fuera por la música: seríamos zombies. Aunque algunos les gusta estudiar o trabajar en silencio, muchos otros necesitan de música de fondo para concentrarse. Sea lo que sea, en este caso la música es una excusa para no morir de embole.
Sin embargo, lo anterior fue la antesala al siguiente interrogante:

¿Qué razón de ser tiene a escuchar a Leo Mattioli, por el parlante del celular, en un bondi?

martes, 19 de agosto de 2008

¿Hay algo más asqueroso...


... que la toalla diminutiva para el bidet? Queda implícito que su uso es exclusivo del dueño de la casa, pero ¿alguna vez pensaron que alguien, de querer perpetrar una maldad, simplemente tendría que agarrar la toallita y hacer quién sabe qué cosa con ella? Yo tampoco lo había pensado, hasta ayer.

viernes, 8 de agosto de 2008

inmersa en un mundo de tareas alienantes que...

-no me dejan respirar sin agitarme
-no me dejan dormir sin exaltarme
-no me dejan caminar sin correr
-no me dejan hablar sin gritar
-no me dejan comer en una mesa
-no me dejan estar quieta un segundo sin buscar "algo para hacer"

tomé la decisión de comprarme una bicicleta. Sé que es bastante probable que me la afanen después de recorrer un kilómetro o que me pise un auto, pero estoy dispuesta a correr esos riesgos. Es ridículo que salga del laburo y para despejarme, me meta en el gimnasio a hacer que corro en una cinta. Y que después de 10 minutos, me suba a una bicicleta que no lleva a ningún lado. Y que después de otros 10 minutos, venga un tipo con traje fluorescente y me cague a pedos como si fuera mi mamá porque no voy tres veces por semana y no pateo lo suficientemente alto.

A ustedes la ciudad los aliena, or is it only me!?

viernes, 18 de julio de 2008

Alucinógeno natural

Dormir poco tiene en mí -en todos, ¿no?- un efecto alucinógeno inversamente proporcional: menos horas duermo, más alerta se ponen mis sentidos. Cuando estoy muy cansada, suelo entrar en una especie de trance a nivel consciente, en el que se suceden una catarata de delirios como el que sigue.

El otro día tomé el colectivo 15 cargando muy pocas horas de sueño. Viajaba como de costumbre en un asiento de la ventanilla, cerca, pero sin llegar al fondo. Había sido un día particularme estresante y, después de trabajar 18 horas seguidas, estaba en un estado de vigilia extrema en el que cualquier ruidito o movimiento, por más ínfimo que fuera, me hubiera sobresaltado hasta el escándalo.

El viaje promediaba los diez minutos cuando de repente lo escuché por primera vez. Una granja en la garganta de un señor. Sí, de señor y no de señora. Áspera como lima de uñas. En menos de lo que canta un gallo, se convirtió en un gemido. Si en este momento yo fuera heroína -no digan nada, la estúpida propaganda de OSDE Neo-, me gustaría tener ojos en la nuca para descubrir la fuente de todo mal.

Llegó mi turno de bajarme, pero ese morbo innato me llevó a buscar a la bestia de corral, que en mi imaginación ya tenía plumas y patas filosas. Tremenda fue mi desazón cuando vi a un ser humano común, cabizbajo y bastante enfermo.

lunes, 7 de julio de 2008

Actualizame ésta

Esto de la actualización constante me tiene cansada. Pronto, se van a vender upgrades para personas.

¿Por qué nos quieren convencer de que el pasto del vecino es más verde, de que tenemos que subirnos al tren de la tecnología porque si no, nos quedamos afuera de todo círculo social?

¿Por qué nos viven diciendo que todo es efímero, voluble, descartable?

¿Acaso es la única forma que el mundo tiene para sostenerse a sí mismo y seguir girando? ¿No es un costo demasiado alto?

Si fuera por mí, me teletransportaría en tiempo y espacio sin dudarlo.



UPDATE (¿irónico, no?): "You need to be paranoid to think with machines because machines are always failing", justo a mí me tenía que tocar traducir eso, ¿no?

jueves, 26 de junio de 2008

De privado, poco

El otro día fui al supermercado con mis pantuflas de perro puestas para ver la reacción de la gente. Algunos habrán pensado que era una loca de atar, pero la verdad es que lo mío fue antropología pura: mi intención era ver el efecto que producía un acto meramente privado (andar en pantuflas) en el medio de la Avenida Santa Fé.

Más o menos lo mismo pasa cuando un niño eructa en un restaurante, el vecino baja a abrirle al delivery en pijama y ni hablar de las discusiones a los gritos que trascienden paredes y puertas. Esos momentos privados, donde el otro se da licencias de todo tipo despiertan curiosidad -al menos en mí- porque en el fondo todos tenemos algo de chismosos y nos regodeamos en la incomodidad ajena.

Los vecinos son nuestros extraños más conocidos. Con el paso del tiempo vamos reconociendo sus sonidos, olores y visiones. Sabemos que los viernes a la tarde, después del laburo, el del 4to C pone mezcladito de cuarteto y cumbia al mango. Intuimos que el olor que se filtra es la hamburguesa que se está comiendo el de abajo. Cerramos la ventana cuando el de enfrente se levanta voyeurista.

...lástima que yo hoy me levanté con ganas de vivir en una casa.