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jueves, 27 de diciembre de 2007

La sombra del Señor

Quizá no me tendría que haber dado vuelta. Estaba caminando una mañana de verano por uno de esos pasajes poco transitados de la ciudad cuando lo vi bajarse de su camioneta. Era un tipo de unos 40 años, fachero, con aires de querer comerse el mundo o no sé qué. Me miró con particular atención, como queriéndome decir algo que yo no iba a escuchar. Aceleré, quizá sin comprender que esa sombra iba a seguirme durante dos cuadras, paso a paso. Me di vuelta y ahí estaba, detrás de un auto que justo me había cedido el paso. Cuando ya no hubo auto que se interpusiese entre los dos, se me acercó, arrinconándome, y me preguntó el nombre. Lo único que me vino a la cabeza fue un forward que había recibido hace dos días: "¡Fuego! ¡Fuego!". No, no podía gritar eso. Seguí caminando y me metí en un quiosco con cabinas. Y le conté esta misma historia a mi amiga L.
Ahora, me pregunto... ¿qué necesidad?

viernes, 21 de septiembre de 2007

El hombre OB

Mi teoría del hombre OB tuvo origen hace unos meses, cuando conocí a JB. En ese momento, yo estaba vulnerable tras la ruptura con mi único e inigualable y mis defensas estaban en menos diez. JB tenía encanto: una sonrisa perfecta, bíceps marcados y un chiste bajo cada manga. Era un chico del interior, tranquilo y seguro. Maduro para sus 20 años. La conjunción de amor pasajero estaba casi cerrada, cuando en mi mente vino la imagen de un hombre tapón y, tras 2 copas de vino más, la de hombre OB.

Para los que no lo saben o quizá no lo "recuerdan", los tampones femeninos ocupan un lugar que, por defecto, viene vacío. Desempeñan la función higiénica de absorber flujos indeseados. Vienen en todos los tamaños: small, medium y large. Por su parte, los hombres OB también ocupan un hueco: el que dejó un padre, pareja, hijo o amigo. Cubren momentáneamente necesidades permanentes y absorben cataratas de lágrimas. Vienen en adolescente, joven profesional y adulto.

Sin embargo, creo que es importante resaltar que los hombres OB ocupan espacios que deberían continuar estando vacíos. Algunas de nosotras (me incluyo) tenemos la tendencia de salir de una relación y entrar en otra sin darnos la oportunidad de reflexionar en soledad, ya sea por temor a quedarnos solas o a lo que podemos llegar a des-cubrir. Por eso mismo, podríamos concluir que "a menor hombre OB, mayor paz interior".

sábado, 1 de septiembre de 2007

De intereses personales

Una conocida no tan conocida, después de comentar socarronamente mi facilidad de conseguir y perder citas, me preguntó qué tenía que tener un hombre para resultarme interesante. A pesar de que la interlocutora, el tono y la temática me resultaron sumamente irritantes, en calidad de soltera y desafortunada en las relaciones de pareja (palabras textuales de ella), debo admitir que me hicieron reflexionar y sacar algunas conclusiones, que paso a enumerar:

1) Debo aplacar mi necesidad de expresión con cada buena mujer que circula por mi vida. Cada entrega nos condena a escuchar el debido consejo de nuestro confesor y termina coartando nuestra libertad de acción.

2) ¿Acaso a nadie se le ocurrió que mi facilidad de conseguir y perder hombres es puramente voluntaria? Ni soy histérica, ni me faltan caramelos... soy proclive a desinteresarme. Y cuando encuentro a ese hombre que me interesa, para ese hombre soy un garche maníaco y sentimental.

3) Por último, voy a optar por no interesarme por completo, es decir, no pasar por la etapa de interés porque resulta que creo expectativas no sólo en los hombres... sino también las mujeres que no tienen vida propia y se regocijan de la ajena.